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En el quiosco






Uy, hoy no llevo yo un buen día. Miantonio está en estado no receptivo, o sea, se me duerme en medio de la faena, de pura agotación. Sí, nos estamos forrando, cada vez tiene más camiones, sí, las demás pequeñas empresas de transporte se hunden por la crisis y nosotros estamos creciendo a costa de ellas, pero está mi chico que no vale para nada.

Me tiene aburrida, asqueada, estresada.

Y tú, niño, deja de manosear las golosinas, que me dan ganas de agarrarte por el cuello, pero no, que aquí tengo a dos señores muy serios, uno con el Lecturas en la mano, y otro con El País, y hay que atenderlos. Que aquí adivinas las tendencias intelectuales del personal pero de un vistazo. Fácil, fácil, por sus preferencias a la hora de comprar.

A veces me emociono. Hay un cliente que sólo compra revistas de historia, oye, y te las cuenta, y da gusto oírle lo que se despacha sobre Egipto, pirámides y aledaños. Pero es que Miantonio me tiene abandonada, le echo al quiosco más horas que un reloj y me siento excluida de alguna parte de sí mismo. Qué turbiedad. Ando ligeramente cabreada, ese cabreo de mujer mal amada, pero también porque en la asociación de mujeres que presido, todavía no ha consentido el alcalde que las féminas podamos participar en las fiestas, al menos como acompañantes. Veinte años de fiestas estoy en este pueblo, porque yo no soy de aquí, qué va, yo no soy de ningún sitio, y ni una pregonera ha habido. Y yo quiero ser pregonera, que tengo mucho que decir sobre este pueblo y mucho más allá. Sí, sí, señor, claro que tenemos el Abc, pero cómo se te ocurre comprarte el Abc. Ahora, que jamás te lo diré a la cara, todo lo contrario, que si puedo te venderé los fascículos, libros, vídeos, cd,s y toda promoción habida y por haber.

Míralo, y se va tan tranquilo, con su Abc bajo el brazo... Así cómo van a cambiar los reglamentos de las fiestas de este pueblo, con este amor al conservadurismo...

El cliente del Lecturas me paga, y me enseña la revista ruborizado.

- Es para mi mujer.

Sí, para tu mujer. Pero tú luego te lo leerás todo, hasta el horóscopo. Porque quieres conocer mejor a tu mujer. Lo que te honra.

En fin, cómo solucionar lo de Miantonio, no puedo soportar otro día más abrir la persiana del quiosco, y lo que pesa la condenada, todo hay que decirlo, con esta sensación que me vacía el cuerpo, que me corroe. Así que no me va a quedar más remedio, algún día, que ponerme a mirar fijamente a los ojos de algún cliente. No un cliente cualquiera, sino El Cliente. Sí, el amante de la historia, por ejemplo.

Voy a cerrar esto, que ya está bien, ya son casi las ocho de la tarde. Me meteré en el baño y aprenderé a educarme en la perfección de delinearme con armonía simétrica la raya de los ojos, como Nefertiti. Tampoco voy a exagerar, prescindiré de los conos de perfume que se deshacían sobre el pelo de las egipcias.

Un leve cambio. No busco nada. Pero quiero sentir el efecto mariposa.


2 comentarios:

mera

¡Estupendo! Seguro que la pobre, cuando mire a los ojos al Cliente, será uno que conduce un coche y va de subasta en subasta, que se está forrando con la crisis, compra "expansión" y se duerme a media faena...

Carmen

Mera, todo lo contrario, ella ya ha elegido al apasionado de la historia. Pa pillar a uno que está forrado y se duerme, ya tiene uno en casa. Cuando uno provoca el efecto mariposa es para para que se produzca un gran cambio. Ella está buscando lo contrario de su marido, y apuesta por el que cree menos materialista de todos, uno que se muere por egipto y esas cosas.

Gracias por comentar... bsos

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