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Y nosotras qué. Qué hay de lo nuestro





Últimamente ha estado tan removido el patio político en este país, que creo que simplemente he estado contemplando, absorta, pero sin moverme, todo lo que ha pasado en las últimas semanas. Unas semanas plagadas de decepciones. En el pasado mes el presidente del actual gobierno decide dar una sonora patada a las mujeres, y constituye un ejecutivo mayoritariamente masculino. Como dice mi buena amiga Lydia Sellés: “En tiempos de crisis ellos piensan que tienen que dar una imagen de fortaleza, fortaleza masculina”. Algo triste que me recuerda los gobiernos formados después de la Revolución Francesa, los presentes durante la Revolución Industrial, el hecho de que las mujeres fueran a las fábricas durante la II Guerra Mundial y luego fueron apartadas y obligadas a volver a sus hogares, condenadas a la pobreza económica y a la falta de autonomía. En estos días me acuerdo de Olympe de Gouges y de quizás su frase más famosa: Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta.

Con esta discutible actitud de Zapatero, parece que la derecha se siente legitimada para atacar tranquilamente a las mujeres. El alcalde de Valladolid lanza exabruptos contra la ministra de sanidad, y se apoltrona en su sillón apoyado por todo su partido. Sanchez Dragó nos sigue importunando contándonos su vida sexual, y confiesa en una novela haberse acostado con dos zorritas japonesas de 13 años. Coincido con la ministra Angeles González-Sinde en que “la literatura no es ninguna coartada para nadie”. Mientras tanto, Pérez Reverte se envalentona con este clima tan estupendo y se queja de que “las mujeres ya no son como antes, que ya no saben llevar tacones”.

Se ve que no sale a la calle, porque yo los veo por todos lados, en los pies de muchísimas mujeres hermosas. En fin, en estos tiempos convulsos, echo de menos a la filósofa transgénero Beatriz Preciado, una mujer brillantísima afincada en París, que analiza los roles sexuales desde un punto de vista absolutamente liberador. Qué diría Beatriz de todo esto…

No puedo evitar acordarme ahora de dos libros, uno publicado hace unos años, Nosotras, que no somos como las demás, de Lucía Etxebarría, y uno reciente, El mito de la superwoman de Esther Casademont y Mar Galtés, libros de necesaria lectura para darte cuenta que hay muchas más mujeres como tú, y muchos hombres, a los que no nos venden el macroembolado éste, éste de que el mundo deba ser controlado por el órgano preferido de muchos mandatarios.






Con todo lo que está pasando, prefiero ponerme a soñar, y a escribir, cerrar puertas y ventanas para que no me contamine una atmósfera reaccionaria y conservadora que ya duele. Me permito imaginar que quiero llegar a Finisterre y desde allí seguir caminando, sobre un larguísimo puente sobre el mar, y despedirme de mis amigos, antes de irme a Nueva York. Sin aviones. Y antes de marchar definitivamente, me giraría hacia mis amigos y les vería de color oro, a mí misma también, un color dorado que nos envuelve, el sol que refleja el mar.

Una de estas noches, tengo un sueño muy placentero. Sueño que estoy hablando con una empleada de la limpieza, y a medida que avanza la conversación, descubro que yo también lo soy, y nos ponemos a presumir cada una de cuantos libros hemos encontrado en cada casa en la que limpiamos. Vamos subiendo las cifras, 100, 250, pero ella gana la partida porque me dice que ahora está limpiando en una casa en la que hay mil libros. Las dos nos ilusionamos, las dos pensamos quién pudiera estar allí, en la biblioteca de esa casa, y dejarnos llevar, y comer, y soñar y leer, leer, leer.

Ante estas situaciones, todas las amigas estamos de acuerdo: ni un paso atrás en la conquista de las libertades y tolerancia cero a los ataques de misóginos ahora embravecidos. Ésos que te dicen que no lo puedes tener todo. Pero en estos días escucho la canción de Queen, I want it all, I want it now. Preciosa canción para no olvidar que merecemos tenerlo todo, todos los derechos y todas las obligaciones.

También descubro en la red a Eilen Jewell, una maravillosa cantante de Boston, para mí la ciudad más europea de todos los Estados Unidos, y como ella, les digo a todos ustedes, thanks a lot.

Un saludo, y uno muy especial para Mera. Querido amigo, creo que he escrito más de una línea….

Hasta pronto:D

















4 comentarios:

Anónimo

Carmen que razón tienes, y que bonito lo has escrito.
Besos,
Mata

Carmen

Besos pa ti, preciosaaaaa, que te tengo preparada la alfombra rojaaaaa
muchas gracias, de verdad, muac

mera

Mi admirada:
Estando de acuerdo en mucho de lo que dices, especialmente en lo referido al trabajo de la mujer en todas las guerras, en las minas,...,y en la casa, que es el menos valorado, y el más desagradecido, especialmente por alguna de las ministras paritarias que mencionas. No me gusta que la mujer en el poder emplee las más rastreras de las técnicas masculinas, y las ministras que he conocido son unas expertas y sé de lo que hablo, ineficientes, sumisas, insolidarias y lo peor para las de su género. Los varones lo hemos hecho tan mal en el tiempo del que hay registros, que da igual que existan gobiernos que no. Por tanto peor imposible incluidas ministras, miembras, etc que sin gustarme no lo pueden hacer peor. Hay que cambiar las bases de las relaciones de poder. Educación y buenas maneras son valores en baja y no hablo ya de los tradicionales, sinó de lo que puede hacer la vida más fácil a quien pasa a tu lado. Jo, que mitin. Muchas gracias por la dedicatoria. Eres muy amable.

Carmen

Muy agradecida por el comentario, apreciado Mera... pero bueno, tú te fijas en las ministras y yo me fijo en las feministas cañeras, beatriz preciado, escritoras, muchas premios nobel... la política es un juego de machos, mera, ellos eligen a esas mujeres, capito? ellas no llegan ahí por sus méritos, por muy valiosas que sean, hasta la magnífica De la Vega fue elegida por un dedo, el de ZP.

Pero sí me fijo en berlusconi, bush, zp, y en todos los mandatarios que desprecian a las mujeres de verdad, no esos monigotes que ellos ponen en el poder, con muy honrosas excepciones (la De la Vega mentada)

De nada, hombre, por lo de la dedicatoria, si yo no quería, no quería, jajajjjjj, pero es que ya se pone la cosa... jeje

Un abrazo

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