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Sueños de primavera






Uno de los sagrados mandamientos del Buen Blogger es: no escanearás una foto que te gusta y la subirás a la red. Jamás. Pero en el Reino de Nunca Jamás, también habitan las honrosas excepciones. Yo he cometido este pecado con esta maravillosa foto que me hace soñar en praderas, senderos cubiertos de flores, para así salir huyendo cuanto antes de una estación invernal en la que en todas las tiendas ha imperado el austero negro, o el gris vagabundo que causa furor. Ignoro las rebajas y decido guardarme los pocos o muchos euros que tenga, y comprar alguno de esos vestidos, y sentirme lo que yo quiera: puedo ser una campesina con clase, (ayudo en la granja los fines de semana, pero mis padres, granjeros, saben la importancia de tener que estudiar), o una escritora en una pradera, con lápiz y papel, tan absorta que incluso puede verse a mí misma desde fuera, como si una cámara dotada de un ojo de pez, girara en torno a ella en un perfecto círculo de 360 grados. Sólo siente las flores de tela sobre su piel y el papel cubierto de bocetos y notas entre los dedos.

La visión de las flores me trastorna el cerebro y comienzo a soñar. Sueño que soy Diablo Cody, (eso sí, sin tatuajes, si acaso ya me pondré una pegatina), y que no me importaría recoger el óscar con 60 años. Al fin y al cabo, ésa es la edad de Meryl Streep que está rompiendo la taquilla con papeles románticos y también está rompiendo un invisible techo de cristal para las mujeres del cine. Pensando en Meryl me acuerdo de Barbra Streisand cuando entregó el óscar a Katrhyn Bigelow, y dijo: El tiempo ha llegado. La directora ganó el óscar con una película masculina, En tierra hostil, con un único momento Avatar clave. Es cuando aparece el bebé. Y la voz en off dice: ¿Te das cuenta que cada vez que intervenimos es a vida o muerte? Lanzas el dado y te la juegas.



No puedo evitar tener siempre un ojo puesto en los Usa… mucho más que en Estocolmo, al fin y al cabo, pienso que para ganar el Nobel me faltan unos mil libros por leer y hago cuentas, y miro mi vida, y me digo: no me da tiempo. Así que me permito soñar que paseo por la playa de Santa Mónica, el único sitio donde puedes pasear en Los Ángeles, y que lucho por encontrar mi sitio en esa ciudad, como tantos otros miles de creativos del mundo…. Y decir como Kate Winslet: Yo soy una más, y necesito otro trabajo.

Retomando el tema de los Óscars, que se entregarán el próximo 27 de febrero, se me ocurre imaginar una situación ideal: a un lado tengo a Tim Robbins y al otro a Jeff Bridges. Yo miraría a la esposa de Bridges y le diría: tú eres su hilo, su cometa, pero permíteme por un momento que le agarre del brazo y miremos los dos a la cámara con grandes sonrisas, y pueda pensar durante un segundo, un instante celestial, este hombre es mío.



Por las noches, paso a la fase REM y sueño con máquinas de escribir negras y antiguas, con sofás llenos de enormes flores de papel de todos los colores, con un hotel de mil habitaciones.

Naturalmente, después de soñar tanto, despierto y pongo un saludable pie en la tierra y me sumerjo en lo cotidiano. En el ascensor me encuentro con la anciana que siempre va cargada de bolsas. Me confiesa que es ella la encargada de llevar la casa y que todos los días prepara cena para seis. La miro, y pienso: En qué puedo ayudar. Y le digo: deme esas bolsas, yo se las llevo. La vuelvo a mirar fijamente y siento que se cumple la teoría de Cuanto más te agachas, más te dan. Me despido de ella deseándole lo mejor, esperando que se cumpla como una inexorable ley de la gravedad la natural fuerza de los buenos deseos sobre los demás.


3 comentarios:

mera

A seguir soñando y sobre todo a seguir escribiendo, que tú vales mucho nena.

Anónimo

Tus sueños son panorámicos y en alta definición, y ya sabes que me encantan.Gracias por compartirlos, guapa.

Me gustó lo del ascensor, una gran realidad.Las abuelas españolas son una especie en extinción.

Besos,
Matilde de la Encarnación.

Carmen

Ay, guapetones,muchas gracias a los dos. Sí, lo de las abuelas españolas... sí que se puede escribir mucho sobre ellas, que llevan la casa, van a la compra, un puntito de explotación veo yo. Muchos besos, mati, y muchas gracias Mera, me haces sentir como Carmen Maura, jeje

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