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El velatorio






La casa solariega está llena de gente, sobre todo de mujeres de mediana edad, vestidas de negro, repartidas por los pasillos y sentadas en numerosas sillas de rafia. Por aquí y por allá, hay repartidas estratégicamente unas mesitas cargadas de vasitos de limonada. La tía Segismunda está un poco disgustada y le dice a la tía Sisebuta:

- Esa guarra ya lleva varias limonadas en el cuerpo. ¿Qué está, celebrando? Y no me parece que lleve la ropa más adecuada. Un vestido de flores rojas. Vamos.

El tío Bartolo, que mide uno noventa, abre la puerta de la cocina y habla a todos los presentes con su segundo whisky en la mano.

- Yo me ofrezco a llevar a la abuela en el ataúd al cementerio, pero buscad uno alto como yo, que si no, la abuela va de pie.

Las compungidas mujeres vestidas de negro no lo pueden evitar y estallan en una carcajada general.

El tío Pascual sale muy compungido de la habitación, lloroso.

- Ay, mi mama, con lo que yo la quería.

Y salta Bartolo:

- Ey, que yo aún no la he visto.

Al poco, sale desaforado.

- ¿Pero le habéis puesto peineta y todo? Joder, sí que está guapa, lo que no ha estado en su puta vida. ¡Pero si parece que se vaya a ir a los toros!

El tío Pascual hace amago de sujetarse el corazón con la mano, no se siente con fuerzas para partirle la cara a su propio hermano.

La hija de la tía Águeda, íntima amiga de la finada, tan leal y tan fiel que no ha salido en dos días de la habitación, le dice a una amiga que ha tenido a bien acompañarla, mientras bebe un sorbo de limonada:

- Ah, yo no me he suicidado por no darle gusto a mi madre.
- Mujer, cómo dices eso….
- Ay, ella quería seguir de luto, ella quería seguir de luto, y como hacía ya 20 años que se había muerto el papa….
- ¿Quién? ¿El de Roma?
- No, coño, mi padre.
- Bueno, ahora con la muerte de su amiga puede seguir de luto unos cuantos años más.
- Ya, pero no es lo mismo.
- Ya.

En ese momento llaman a la puerta de la calle. Es un pedido del supermercado del pueblo.

El tío Bartolo ya va por el tercer whisky y empieza a bramar entre risotadas:

- ¡Pero qué detalle ha tenido la finada! ¡Su último pedido! ¡Hala, comida para todos!

La tía Águeda, que seguía encerrada en la habitación, esta vez sí sale como una tromba y les grita a todos:

- ¡Ya está bien! ¡Esto no es una boda!

Todos los presentes, que siguen bebiendo limonada y tomando canapés animadamente, la consuelan:

- Mujer, no seas tan trágica, ya sabemos que la querías mucho. Pero hay que seguir viviendo, ¿no?

La tía Águeda parece que se va a rasgar las vestiduras, mientras aprieta con una fuerza inusitada el camafeo que lleva colgado en el cuello.

- ¡Ya viviré mañana!

Todos callan. Pero en unos minutos empiezan las sonrisillas y los codazos por lo bajo, porque el tonto del pueblo, al que no han dejado entrar, pero no abandona la puerta de la calle, no hace más que gritar:

- ¿Pero la casa quién se la va a quedar? ¿La casa quién se la va a quedar?

De repente, un tropel de niños invade la estancia.

- ¿Pero quién ha abierto la puerta? - grita la tía Águeda.

Los niños gritan alborozados:

- ¡Venimos a ver al muerto, venimos a ver al muerto!

Y una mujer del velatorio les contesta:

- Bueno, pero sin armar follón.

Y en ritual conocido, y repetido a lo largo de generación tras generación, los niños pasan a la habitación y permanecen en absoluto silencio. Hasta el tío Bartolo olvida sus chanzas y dándole una colleja a uno de los niños, le dice:

- Anda, rézate algo.

Y el niño reza el padrenuestro mientras mira fijamente al cadáver envuelto en oropeles y hurgándose la nariz.

A todo esto, el tonto del pueblo sigue agobiado porque no le dejan entrar, y mira por las mirillas de todas las habitaciones cerradas que dan a la calle. A través de una de ellas, ve como dos de los invitados descorchan una botella de champán.

El tonto del pueblo se pone a llorar desconsolado.

- Desde luego…. Yo sólo quería una limonada….

Y aterrado ante el egoísmo humano, da media vuelta y dándole patadas a una bola de paja a lo largo de toda la calle, desaparece en el horizonte.


3 comentarios:

Anónimo

Tia, jajaja...es genial, quiero más!!! Además me parece que es autobiográfico????

besos,
Matilde

Carmen

jaaajjjjjj, gracias!!! joer, claro que es autobiográfico, jaajjjjj, pero lo del último pedido es inventado, eh? poético.... sí, vamos a reírnos de la españa negra... a ver si se cree Almodóvar que es él solito jjaajjjjj

Sam
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