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Elogio de la multitarea





El gran debate que se está viviendo en Internet este 2011 es si la actividad multitarea nos vuelve tontos. Es decir, estás trabajando en un texto, pero a la vez estás leyendo el correo, o escuchando una canción en Spotify, o viendo qué han dicho tus colegas en Facebook.



Los expertos avisan del peligro de perder la concentración en una tarea determinada, pero, ¿quién excepto los monjes o los escritores o los ejecutivos con mucha ayuda familiar pueden dedicarse a una sola tarea? El resto de los mortales hacemos muchas cosas diferentes a lo largo del día. A la vez pienso que simplemente con las nuevas tecnologías nuestro cerebro está creciendo exponencialmente, y no geométricamente como antes de la revolución digital.

Dicen los gurús de esta nueva moda alarmista que Internet nos reformatea el cerebro, y es más, que este fenómeno se produce con tan sólo 5 horas conectados a la red. Pero este “reformateo” no tiene por qué ser negativo. Las personalidades más creativas hacen varias cosas a la vez. Además, el ser humano puede tardar años en adaptarse a esta nueva forma de conocimiento, estudio y trabajo, y extraerle su máximo provecho. Todos nos auto alfabetizamos digitalmente, tanto los inmigrantes como los nativos digitales.

Sí estoy de acuerdo con el periodista Frank Frommer sobre que el programa Power Point puede ser simplista, reduccionista y realmente no ayudar a obtener un conocimiento profundo de las cosas. Al igual que si uno se pone a resumir un libro, puedes captar lo esencial, pero no los detalles, que dotan a cualquier tema de un conocimiento complejo y avanzado.

La multitarea es compatible con el trabajo de madre y en general con las mujeres en sí mismas, ya que están especialmente capacitadas para hacer varias cosas a la vez. Son expertas en saber que una tarea mecánica puede llevarte a otra más creativa. ¿Qué es entonces lo que les asusta a los expertos? ¿Un modo más femenino de trabajar, de relacionarse, de inventar? Muchos están a favor de este modo de trabajar, Antonio Muñoz Molina recomienda dar largas caminatas, cocinar, asegurando que ahí es donde vienen grandes ideas, y Umberto Eco reconoce sin ambages que usa la Wikipedia cuando busca una información puntual. (Eso sí, por las noches lee a Kant)

¿Acaso no somos todos multitarea? Vamos al trabajo, preparamos la comida, atendemos a nuestros hijos, a nuestras amistades, vemos películas, escuchamos música… ¿A qué nivel de profundidad quieren que lleguemos los expertos? A mí me parece que lo que les duele mucho es que ahora cualquier ser humano con una mínima formación tecnológica y conocimiento de la red puede llegar a conocimientos asombrosos, conocimientos hasta ahora sólo disponibles en analógico para los más formados.

Cuando yo era una pizpireta estudiante de periodismo, tuve que hacer un trabajo de investigación sobre un periodista del s. XIX y estudiar en la misma Biblioteca Nacional. Ni que hubiera pedido audiencia al rey. El permiso requirió de dos consentimientos y fue un pase limitado, de sólo tres días. Pensé: Ah, claro, como no soy Ian Gibson ni Raymond Carr Ahora métase usted en la web de la Biblioteca Nacional donde un poderoso motor de búsqueda le llevará a los más recónditos documentos, todos al alcance de un ciudadano ansioso por saber.

Dice Nicholas Carr, autor del polémico y exitoso libro Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? que precisamente la rapidez con que accedemos a los datos, mediante unos simples clics, nos vuelve superficiales. Y yo digo: no, hombre, esos simples clics son un salto cualitativo inmenso que me hace ahorrarme un tiempo precioso a la hora de documentarme para una novela, y ahora voy a la librería con mucha más certeza en función de adquirir los libros que me interesan. Pienso que el que consiga la perfecta confluencia entre el trabajo analógico y digital, tiene la llave del éxito. Por ejemplo, es muy importante imprimir muchos textos para asentar mejor la información en el cerebro. Así han trabajado los periodistas de los cinco medios con el huracán Wikileaks, imprimiendo los 250.000 cables, porque lo digital se lo puede llevar el viento en un pis pas, ahora lo ves, ahora no lo ves.



También hay informes positivos. Un estudio de la Universidad de California demostró que navegar por Internet entre los 55 y los 76 años es bueno para frenar el envejecimiento del cerebro, ya que Internet aumenta significativamente la actividad cerebral. Se hace más con el cerebro gastando menos energía y a la vez éste se nutre a sí mismo para explotar al máximo su creatividad.

Sólo en el año 2006 se generaron datos digitales equivalentes a todos los libros escritos durante toda la historia de la humanidad. ¿Vamos a renunciar a eso? El único problema de tanto afán por saber, como dice Viggo Mortensen, es que la vida es muy corta.

Antes de darle la última vuelta al artículo, escucho un par de canciones, preparo el desayuno de mi vástaga y riego las plantas, mientras planeo el día de trabajo que me queda por delante. ¿Y qué? Aquí está el post.

Disfruten de su multitarea, señoras y señores. Es lo que hay;D

Saludos!





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