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Sueños de guerra







El gobierno sirio dimite en pleno. Las mujeres egipcias son apartadas de la revolución. La Otan toma el mando en la intervención libia. Y durante días, me he sentido enmudecida.

Una noche de esta semana sueño con armas. Sueño que toda la familia vamos armados, pero no hay violencia en nuestros actos, sino naturalidad. Ordenamos y limpiamos las armas, y las dejamos perfectamente colocadas en sus vitrinas.

En otra ocasión sueño que un amigo Facebook sale en la portada de El País (versión impresa y en blanco y negro) con su Santa en una plaza, y el titular de la noticia es ésa, que le están dando de comer a las palomas. Después, con tremenda alegría, nos conocemos todos en un viejo coche, la pareja, sus amigos y los míos.

Aún así, soplan vientos de guerra y no desaparece la poesía: imagino bolsas de plástico vacías y azules que vuelan, mariposas de la nada, y que nunca se posan. Leo a Enrique Vila-Matas hablar sobre qué es Surfear, cuando uno está terminando una novela, y ya todo lo que queda sólo es una cuestión de volar. Pero todo empieza en una revista de aeropuerto, una frase de Bernhard que lee el escritor y no sabe resolver: La vida es maravillosa, pero lo más maravilloso es pensar que tiene fin. Y Vila-Matas relaciona este “amor por morir” con escribir el final de una novela. Comparación hermosa… pero la frase de Bernhard entraña una gran sabiduría, es aceptar la vida y la muerte tal y como son, y no sentir ansiedad, sino gozo para cuando llegue el descanso definitivo. Quizás Vila-Matas no resuelve esta cuestión porque piensa como yo “cuanto más tarde, mejor”. Dicen que cuando la gente se va, no siente miedo, sino pena por lo que deja atrás.

En estos tiempos, sin embargo, nos queda la poesía y sobre todo los niños, belleza ultraterrenal hecha física, a los que ahora más que nunca intentamos darles un entorno satisfactorio, un nido emocional de arrullos y atenciones. Que no sepan que afuera el mundo se derrumba, y nosotros como adultos no sabemos aún dónde agarrarnos, como si un feroz tornado nos tuviera en constante movimiento y todavía no hayamos encontrado nuestro lugar.

Una familiar me avisa que mañana irá al pueblo, pueblo al que lamento no ir desde hace diez años, y que volverá cargadita de noticias, casi todas trágicas: muertes y enfermedades. Yo le he dicho: pues pregunta por mis amigos, ¿no? Son jóvenes, seguro que muchos están vivos. Deja caer el mensaje, déjales saber que me acuerdo de Los Camiones y Los Manetes, y que no les olvido.


2 comentarios:

Anónimo

Qué bonito Carmen!! vaya filón de inspiración te dejan tus sueños. Yo sueño mucho, pero no sé ponerlos en palabras como haces tú.
Besos,
Matilde

Carmen

Gracias Matilde, ah, sí, los sueños son muy literarios, verdad? van por libre! Muchos besos

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