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El estigma







En la reciente revolución egipcia, las mujeres egipcias quisieron celebrar el Día de la Mujer en la plaza de Tarhir pero fueron disgregadas e insultadas por sus propios compañeros de revolución. Da igual que ellas se arriesgaran tanto como ellos para conseguir la marcha de Mubarak. Siempre aparece el estigma. Un estigma que acompaña a las mujeres desde hace siglos y que consiste básicamente en decir que “los derechos de las mujeres pueden esperar”.

Hojeando el dominical de El País del pasado mes de enero, releo la terrible historia de Natascha Kampusch, la niña vienesa secuestrada durante ocho años por un hombre sin escrúpulos. Y confiesa algo que estremece. Cuando consiguió escapar de su captor y su caso salió a la luz, las primeras docenas de cartas que recibió estaban escritas por acosadores. Y dice muy seria: Yo no soy el juguete de nadie.

En el mismo dominical leo sobre las mujeres presas palestinas que han participado en Intifadas, y el estigma que acarrean precisamente por ser mujeres. Mientras ellos salen de la prisión convertidos en héroes, ellas se convierten inmediatamente en objeto de sospecha.

Y reconozco mi indignación cuando leo que las violaciones contra mujeres y niñas en Sudáfrica adquieren carácter de pandemia, de deporte nacional, un rito iniciático de los varones para pasar a la edad adulta. Unas prácticas toleradas por un Estado que no protege a la mitad de su población y donde sólo el 7% de las denuncias acaba en condena.

Se sorprenderían muchos hombres de saber cuán hombres nos sentimos las mujeres. Perdón: cuán individuos nos sentimos. Si recibes una carta de acoso, reaccionas exactamente igual que lo haría un hombre acosado. No, no piensas: Bueno, el mundo es así. No, no piensas, ni mucho menos: Me lo he buscado. Piensas que es injusto y rechazable, y que ese acoso debe ser perseguido con dureza, independientemente de cuál sea el sexo de la víctima.

Los misóginos, los violentos, los neomachistas, da igual el nombre, no ven un individuo en ti. Y yo propondría como terapia de choque a los maltratadores un recurso de ciencia ficción que aparece en la película Total Recall, el uso de un potente alucinógeno que en vez de conectar a la mente con Marte, conectara con un viaje obligatorio al cerebro femenino. Les castigaría a estar días, semanas, oyendo los pensamientos femeninos en sus propios cerebros. “Creo que en mi novela, la ciudad de las mujeres, será un centro de estudio e investigación sobre la sabiduría humana”. “Creo que la Iglesia se equivocó durante dos mil años en tardar tanto en reconocerle a la mujer la posesión de alma” (s.XIX). “Creo que a esos hijos de puta violadores y asesinos habría que colgarlos de los huevos cabeza abajo, como a Mussolini”. “Creo que os estáis perdiendo algo”. “Creo que voy a llamar a las amigas y reírnos a carcajadas de los tíos como tú”.

La prostitución, otra forma encubierta de violencia contra las mujeres, hace más daño de lo que se piensa, porque priva a muchas mujeres “civiles” de tener más posibilidades de establecer una sexualidad libre con los hombres. No hay manera de emplazarla, porque muchos de ellos no quieren desenvolverse con la enorme complejidad femenina. Prefieren sacar la cartera y abrirse la bragueta como si dispararan una metralleta. Sin ternura, sin amor, y yo los imagino saliendo del puticlub y volviendo, otra vez solos, siempre solos consigo mismos, al enorme vacío de sus vidas, a su ansiedad, que no se saben de dónde viene, pero sí. Viene de no poder reconocer al otro.

Como decía la actriz Emma Thompson, ¿por qué los varones pagan por el sexo si es gratis?. E incide en que hay que saber por qué pasan las cosas, recomendando a los gobiernos que acometan estudios. Y yo, humildemente, me atrevo a sugerir una de las posibles respuestas. Porque el sexo gratis no es controlable, ahí la mujer no es un objeto, es un igual, y eso es un regalo tan esplendoroso que los mutilados de corazón no pueden sobrellevar, porque les devastaría.


2 comentarios:

Anónimo

Hola Carmen, es la primera vez que entro en tu blog y, de momento , me ha encantado este post,me cuesta mucho entender la actitud de algunos hombres hacia las mujeres, a mi me gusta tener amigos y amigas, el mundo esta ocupado por hombres y mujeres y con los dos quiero vivir. Esa incapacidad para aceptarnos como iguales no la entiendo. Me encanta tu frase: "no poder reconocer al otro".

Marisa

Carmen

Marisa, te agradezco mucho el comentario y sí, como a ti, me gustan los hombres y las mujeres, de buena gente está el mundo lleno, pero no podemos ignorar que hay una parte significativa de la población con escasa o nula inteligencia emocional, todo eso aliñado con una herencia de prejuicios y misoginias varias. Por suerte, somos muchos y muchas que trabajamos con nuestra actitud diaria para que esto pueda mejorar. Gracias, un saludo

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