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Un momento Zen





El festín de Babette
La abuela más elegante que he conocido en mi vida sacó a la mesa una sopera de porcelana antigua llena de trozos de melón partidos, sin corteza. Me admiré con esa facilidad que nos entregó a todos, y pensé en mí misma sacando el melón a la mesa, así, tal cual, y con el cuchillo en la mano. Creo que no he visto niños-nietos más sanos en todos los sentidos posibles, pero hubo un gesto que me hizo entender algo. La madre de dos de los niños mezcló la salsa de tomate con el arroz para mi hija, con tanto sosiego y delicadeza, con lentitud, sin ninguna prisa, y de repente vi tanto amor en ese gesto de remover el arroz con el tomate que me relajé instantáneamente, y noté que mi hija se quedaba embobada también observando la suave mano que se movía, mano universal que todo lo da, mezclando los dos ingredientes. Fue como cuando uno ve a a un niño jugando, entretenido en sus cosas. O como cuando ves a un gato haciéndose la limpieza, lentamente… Fui consciente de estar viviendo un momento zen, un momento kairos: la experiencia del momento y la risa oportunos. Entiendo que los nietos llenen la casa a todas horas. La abuela elegante y su mano derecha, la entrañable cocinera que la sirve desde hace 30 años, agolpan en las mesas todo tipo de aperitivos antes de comer. Cortan la comida de los niños con cuidado. Y yo me voy a casa pensando que acabo de ver El festín de Babette, y aprendo algo sobre el milagro de cuidar amorosamente a los demás.


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