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Eso es peor





Tienda abierta 24 horas
Son las 6 de la mañana y la dependienta hispanoamericana del 24 horas me mira con sus ojos enrojecidos. Me interpela.

- ¿Qué quieres?
- Un paquete de Winston, por favor.

La veo tan cansada que no puedo evitar preguntarle si es que no ha dormido bien. Me confiesa que no, que lleva toda la noche allí trabajando, y que tiene una niña pequeña y que dormirá cuando la lleve al colegio. Le cuento que llevo trabajando desde las 5 de la mañana en el ordenador. Y me contesta:

- Eso es peor, estar ahí con la pantallita, eso es peor.

Me devuelve el cambio y yo me voy murmurando para mis adentros “no, no es peor“. Mientras arranco el coche me visualizo a mí misma en mi cómodo despacho, con mis auriculares, y pienso en ella, que trabaja todas las noches en ese 24 horas atendiendo a gente de lo más variopinta. Cuando llego a casa, me fumo mi primer cigarro pensando en su increíble acto de compasión hacia mi trabajo de burguesa y la grandeza de su espontánea piedad, y la poca objetividad, de una humilde cajera del 24 horas.

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