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Denuncias periodísticas (La casa de Marga)






Hoy no tengo ni idea lo que voy a hacer, aunque con la hora que es, fijo que ya me tienen encargado algo en el periódico.

Efectivamente. Cuando llego a mi puesto de trabajo me entero que hay que ir al puerto a decir que está sucio, porque a nosotros nos parece muy mal todo lo que hace la autoridad portuaria y en general todo lo que hace la corporación municipal al completo. Nico, el fotógrafo, no puede ir conmigo, así que voy al "cuarto de máquinas" y me cojo una reflex digital.

Tengo toda la mañana para ir al puerto y mangoneo un poco por toda la Redacción. Decido adelantarme un par de breves para la tarde. Son dos noticias en el sentido estricto. Me curro la entradilla, las Seis W, el titular, y dejo la información menos importante para el final, por si el revisor de maquetas tiene que echar el tijeretazo. Aplico la estricta pirámide invertida, e intento ser virtuosa con el uso de los tiempos verbales, que es ahí donde descansa la acción. ¿No deja la noticia nada para la opinión? Pues no. Yo no puedo establecer una relación causa-efecto sobre los hechos, pero sí puedo mencionar a expertos que sí lo han hecho. Elegir las opiniones de otros es una forma de opinar sin que se note. Sé que la honestidad es lo que mejor funciona generalmente para llegar al lector, pero eso suele chocar con los de Arriba. A veces se me cuela algún artículo honesto. El director no se los lee todos, es increíble, y yo aprovecho con celo sus días libres para colar lo que pueda. A veces me han caído broncas a toro pasado, ya publicado el artículo. Como siga así, me van a despedir. Que igual me hacen un grandísimo favor y me monto la gran red de blogs comerciales que sueño con montar, que ya me ha dicho Marga que me busca financiación, y eso, a triunfar como los chupa-chups y ya está. Podría empezar con muy poco dinero, pero ese muy poco hay que tenerlo, y yo no lo tengo.

Me estoy poniendo la chaqueta para irme a tomar el solecito al puerto, y oigo a un redactor hablando al teléfono.

- ¿Que me va a denunciar a mí? Oiga, denuncie al periódico. Me ha colgado. Este tío me ha colgado. Mecagüen la mar, para qué habré firmado.

Mi compañero me mira con mucha cara de pena por sí mismo y, sin decirnos nada, nos vamos apurados a ver al director y las carcajadas que nos echa se oyen hasta en la puerta de la calle.

- Pero si es que sois unos angelitos. A ver, cuantas más denuncias mejor, a ver para qué tenemos un equipo de abogados. Hay que crear polémica.

Y salta mi compañero:

- Bueno, pues que haya polémica pero que no aparezca mi nombre por el medio.
- Ah, ¿es por eso?, bueno, pues no firmes a partir de ahora y ya está, pon Redacción.

¿Redacción? Este hombre está obviando una de las Reglas Básicas del Periodismo que es la de: "Adoraré ver mi nombre en letra impresa, y cuanta más negrita, mejor”. Mi compañero, decepcionado, insiste.

- De acuerdo, no firmaré algunos artículos, pero qué pasa con éste en concreto. Es verdad, habéis cambiado las cifras, habéis dicho que no hay prácticamente operaciones cardiológicas en toda la provincia, cuando este médico en particular es puntero en eso. El tío está cabreado. Y con razón.
- Bueno, el tío te denuncia a ti y nosotros te defendemos. Lo normal.

Mi compañero y yo nos miramos y nos damos cuenta que esto ya no hay manera de arreglarlo. Que habrá que poner velitas al Universo y rezar para que la denuncia no se plantee finalmente, porque aunque te defienda un magnífico equipo de abogados tu nombre ya se ha echado por el barro de la desconfianza: un redactor que falsea las cifras, nada menos.

Intento animar a mi compañero y me voy al puerto. Pero ya se sabe, si las cosas van mal, es posible que vayan peor. Y pienso a ver por qué no me he vestido de rosa yo también, como ha hecho Marga para irse al instituto, para poder aportar luminosidad al día, que se está poniendo algo oscuro.

Lucía Scoop.
(Continuará)

La casa de Marga

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