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Una cena con invitados






Los 8 invitados disfrutaban de la cena en agradable charla. La madre de familia ya había distribuido los platos y conversaba animadamente con una amiga.

- Tía, ha muerto Steve Jobs…
- Sí, ya podemos espabilar. Tú con tus novelas y yo con mi negocio de moda; hay que ir a muerte, María, igual no nos queda mucho tiempo. Y hay que dejar bien alpargatados a los niños.
- ¡Y que lo digas!

De repente, la hija de la familia, que todos suponían dormida en su habitación, aparece en el comedor, se planta al lado de la mesa y los mira a todos fijamente sin decir nada.

María duda un instante, deja la copa de fino cristal de Bohemia sobre el mantel de hilo de las grandes ocasiones y le dice a la niña:

- Cariño… ¿estás bien? Anda, vete a dormir.

La niña ni se inmuta y permanece en su sitio con unos ojos más abiertos que los de las iguanas. Todos mantienen sus cuchillos y tenedores en vilo, menos la abuela, que sigue comiendo tan plácida y tan ricamente. Se dirige a su hija María.

- Cariño, este guiso de perdiz te ha quedado buenísimo. Pero se te ha olvidado el laurel.

La madre abre los ojos como platos y mira primero estupefacta a la abuela, que no reacciona y en segundo lugar a la niña, flipando que acaba de descubrir que su vástaga es sonámbula delante de 8 invitados.

- ¿Pero está despierta? - pregunta por lo bajo uno de los invitados a su mujer.

La esposa, inquieta, se revuelve.

- Pero no lo ves que tiene los ojos bien abiertos.

El marido murmura….

- A mí esta niña me está poniendo nervioso…
- Toma, y a mí.

La madre por fin se levanta y lleva a la niña de 11 años a la habitación, que mientras se va, se va con la cabeza bien girada para observar por última vez a los invitados. A oscuras por el pasillo, María va acariciando a la niña pensando que llamará mañana a la pediatra y antes de acostar a su hija que ya va cerrando los ojos, oye a la abuela desde el comedor, (y María nota un fino temblor que le recorre de cuello a pies, y se visualiza a sí misma con la cara de poker que se le está quedando, mientras sujeta con la mano paralizada la sábana que pone sobre la niña) una explosión, un trueno de carcajadas preñado de varias generaciones inquietantemente cachondas que inunda toda la casa:

- Ja, ja. Ja, ja…….








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