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Lucía conoce a Garganta Profunda (La Casa de Marga)






Aquí estoy, en un restaurante, cenando con todas las colegas. Como no somos muchas, horror, me toca sentarme al lado de la escritora y la economista, que encima hace un montón de tiempo que no se ven, y están hablando que casi les falta el aire. No entiendo ni jota lo que están diciendo. Marisa y Lola empiezan a hablar de la necesaria revisión del keynesianismo, de la voracidad de los mercados y sobre que el término libre competencia de Adam Smith “ha sido llevado hasta el paroxismo“, asegura Lola muy convincente. Ya no puedo más y hago amago de largarme a la otra punta de la mesa, donde están Marga y Maribel dándole a las croquetas, y muertas de risa poniendo a parir a todo el equipo directivo del instituto. Se oyen las carcajadas desde aquí y desde varias mesas alrededor.

Estoy a punto de levantarme de la silla, pero Lola me hace un gesto con la mano para que me quede y me suelta:

- Está bien, Lucía, hablemos de blogs.

Ah, entonces me quedo.

Me lanzo a explicarles mi último análisis del estado de la blogosfera, tema con el que tengo aburrido a todo el mundo. Me escuchan embelesadas, porque por supuesto que con ese par de cerebros también saben mucho de nuevas tecnologías, y sobre todo les interesa la vertiente social de todo esto, y aportan muchos puntos clave.

Pero qué. El tema de las nuevas tecnologías les lleva a Marshall McLuhan que pronosticó la aldea global y por arte de birlibirloque se ponen a hablar de Umberto Eco y la cualidad filosófica de la belleza, con un montón de palabrejos que se me escapan… Así que paso de ellas definitivamente y me pongo a hablar con la chica que tengo al lado, que a ésta sí que es la primera vez que la veo. Echamos un par de risas sociales y le pregunto en qué trabaja.

- Documentalista. Está muy bien pagado y estoy muy contenta.
- Seguro que tienes un horario de 8 a 3.
- Seguro, ja,ja.

Le cuento que soy periodista y se muestra muy interesada. Poco podía yo imaginar que hoy iba a conocer a mi particular Garganta Profunda, después de meses de investigación en absoluta soledad, ya un poco desesperada, sólo con el secreto apoyo de mi redactor-jefe, pero sin encontrar ninguna prueba de peso, por mucho que lo he intentado.

- Ah, ¿periodista? Mi padre trabaja en el Ayuntamiento. Yo te podría contar muchas cosas la mar de interesantes.

Desembucha.

Y de pronto, Celia, que así se llama, empieza a contarme que no puede decirme quién es su padre, pero que la sede del poder local está de corrupción hasta las cejas.

A mí me parece estar oyendo a un coro de ángeles. Me pregunta:

- ¿Te interesa el tema?

Ja. Cabeceo afirmativamente en un silencio lleno de respeto.

Celia me cuenta cómo se modificó un proyecto urbanístico para que alcanzara las tierras de un importante prohombre de la ciudad, primo hermano de la teniente de alcalde, que se forró construyendo bungalows de lujo en una especie de parque temático balinés.

- Nunca podré contar toda la verdad. Pero mi padre, que es un técnico, ha intentado no salpicarse, hacer un trabajo honesto. La respuesta del alcalde ha sido ir despojándole progresivamente de sus funciones, y como no lo pueden tirar, han contratado a otros que sí se mojan. Está quemado.

Me arriesgo y le paso mi teléfono en un papel por si me quiere llamar de vez en cuando y sorprendentemente, lo coge con la mano casi trémula y una pequeña sonrisa de agradecimiento. Me dice muy seria:

- Espero que algún día alguien se decida a tirar de la manta.
- No sé si podré ser yo - le contesto muy objetivamente -, pero haré lo que pueda.

Ella me mira con un poco de ansiedad. Entiendo en un microsegundo que soy la primera periodista con la que habla de esto. Que se está arriesgando. Así que intento calmarla y lo consigo explicándole la doctrina básica de mi trabajo: Que antes me llevan al paredón que traicionar a mis fuentes. Ella se ríe de mi ocurrencia.

- Te llamaré,- me dice - pero serás tú la que tenga que atar los cabos.

A Celia enseguida se le pone otra vez esa triste sombra en la cara. Entiendo que hemos terminado de hablar del tema, y se va al baño. En el camino se encuentra al que parece ser un estupendo colega, y yo decido trasladarme hacia el otro extremo de la mesa, que como digo es donde está la verdadera fiesta.

Lucía Scoop

(Continuará)

La Casa de Marga


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