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Baobabs azules




El Principito con los baobabs
Amanece y encima del horizonte, sobre el mar, hay un manto de nubes, lleno de tonalidades azules. De repente, se forma un baobab. Pero el baobab sólo dura dos minutos porque increíblemente éste se deshace inmediatamente después en dos baobabs perfectos y azules.

Pienso que Facebook son océanos azules. A veces parece una piscina calma, a veces no hay nadie. Los amigos desaparecen por las tesituras de la vida, tú misma también. A veces se transforma en una tormenta perfecta de creatividad, donde todo el mundo aporta su ingenio para ayudar a los demás a evolucionar.

Pienso también que el azul es el color de la creatividad en los chakras, que me encantan las camisetas de ese color y que uno de los vestidos más hermosos que he poseído en mi vida es precisamente un vestido azul chino. Un vestido con su propia historia.

Llovía a mares en Nueva York y mis amigas y yo paseábamos bajo nuestros chubasqueros por Chinatown, sin ninguna intención de guarecernos en ningún sitio, tal era el increíble espectáculo que estábamos disfrutando, un mercadillo, puestos de comida, un número excesivo de joyerías absolutamente blindadas y una tienda de ropa, donde entramos.

Me enamoré del vestido y quise probármelo. Pero increíblemente, por más que le insistí, la mujer china no me dejó probarme el vestido porque yo estaba completamente mojada por la lluvia de la Gran Manzana. Así que tuve que arriesgarme. Demasiado precioso para dejarlo escapar. Cuando llegué a casa, me lo probé, me estaba como un guante y me quedé impactada al ver mi imagen ante el espejo. Lo estrené la noche de Halloween. Como acompañamiento, me hice dos moños llenos de palitos de los que colgaban perlas y me puse también una boa de plumas.

El vestido llegó a España, y era tan sexy que mi mejor amiga y yo lo usamos hasta la extenuación.

Cuando me quito el vestido, siento como si fuera Louise quitándome las joyas, partiendo como ella al encuentro de la verdadera vida, donde no importan las cosas, sino las personas. Cuando el vestido azul desapareció fue como si una parte de mi pasado desapareciera para siempre, un salto a la madurez y la despedida definitiva a la talla 36.



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