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Vicisitudes de una profesora de instituto (La Casa de Marga)







Hoy Marga no para de hablar del instituto y de cómo odia cuando tiene que dar seis horas de clase seguidas, como hoy, que es martes. Se desploma en el sofá con el maletín. Sí que se le ve cansada, porque no se ha quitado ni los tacones, sólo es una mujer derrengada vestida con su traje de chaqueta mirando al techo con la mirada perdida. Pero de repente, se incorpora como un cohete, lanza el maletín al otro lado del comedor con inusitado brío, y me suelta:

-Lucía, te lo voy a contar. Estoy del alumno que me intenta boicotear la clase hasta las narices. El tío es hiperactivo, no para de removerse en su asiento y no puede evitar intervenir para decir alguna chorrada, porque no sabe nada de nada, aunque los demás creen que sí, los muy lilas. Así que hoy le he dicho, más o menos: “Que sepas que no vas a aprobar ni el día del Juicio Final por la tarde, que vas sobrado de faltas, que no presentas ningún trabajo y no quiero ni comentar los exámenes, y te dejo entrar a clase porque no me queda más remedio”.
- Jaja, ¿y qué te ha dicho la hermosura ésa?- le pregunto.
- Pues el tío ha empezado a protestar y te juro que en ese instante he tenido un auténtico momento Matrix, y he visualizado claramente cómo mi mano impulsaba el borrador, y por la parte de la madera, colisionaba directamente contra su cabeza de chorlito.
- Jaja, Marga, eso es genial. Por la parte de la madera, jeje.




- Al final me ha tocado echarlo de clase, así los demás hemos podido continuar tranquilos con el tema de las ondas sonoras, que es lo que tocaba hoy. El comportamiento de las ondas sonoras y específicamente su comportamiento dentro de un espacio de unas determinadas características, que tiene su miga. Como si les importara algo, angelicos míos.

Intento animarla y le digo que seguro que ha habido cosas buenas en el trabajo. Responde taxativa.

- Pues hoy no. Cuando termina mi reunión con los imberbes emocionales de este curso, me voy hacia la sala de profesores y miro el parte de guardia con un cierto temor. Efectivamente. Faltaban seis profesores, así que me ha tocado chuparme la guardia con los de adaptación curricular. Lucía: Los profesores de ciclos no tenemos ni idea de cómo tratar a esta gente. ¿Qué hago entre niños de doce años? ¿Les suelto mi disertación sobre Eisenstein, a ver qué les parece mejor, si un montaje paralelo o mejor otro más lineal?

Marga coge aire.

- Luego en realidad he llegado y les he puesto el juego de la horca en el encerado, mientras que otra vez he tenido un momento Matrix y no he podido evitar verlos como diminutos muñequitos de tiza que colgaban de la horquita de tiza que yo he dibujado con tanto mimo en la pizarra. Pero no ha pasado nada, Lucía. No he tenido que llamar al director ni empezar a repetir te voy a poner un parte de incidencias como único método pedagógico de resolución de conflictos que se me ocurría. Luego me ha tocado la guardia de patio, (ya te digo, día completo) que sólo dura 20 minutos pero cuando hay 200 tíos dándole a un balón se puede montar un buen follón en cualquier momento.
- Me lo creo.
- Y solita que me hago esa guardia. Hay un profe que es mi compañero de guardia que el muy cabrón no aparece jamás, firma el parte y se va. Sólo ha hecho una guardia conmigo desde el principio de curso pero en esa única guardia me dio el consejo de oro: tú haz como la policía, si hay problemas, te das media vuelta y te vas.
- Ja,ja. Nena, esto es un mal día, mañana será diferente.
- No, claro, no pasa nada, ya terminó. Pon el Spotify a toda leche y empieza a sacar cervezas de la nevera. Una detrás de otra.
- Ah jaja, voy. ¿Me dejarás publicar esto en el blog?
- Por supuesto.

Lucía Scoop

(Continuará)

La casa de Marga

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