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Encrucijadas (La casa de Marga)






Hoy estoy un poco alterada. De hecho, creo que es un día clave en mi vida. Fátima, cotilleando las nóminas, ha descubierto que a las redactoras nos pagan bastante menos que a nuestros compañeros varones y me pone sobre aviso. Lo único que tengo ganas es de empezar a gritar.

- Pero, ¿qué se creen estos tíos? Tengo ganas de matar a alguien.

Fátima también está sulfurada.

-Estos tíos se creen que vivimos en Mad Men, la serie sobre ejecutivos publicitarios de Madison Avenue en el Nueva York de los años sesenta, y que nosotras en realidad no somos periodistas, sino simples secretarias de la época sujetas a los caprichos de los jefes.



En Redacción somos un total de cinco redactoras y veinte redactores. Ah, sí, hay más mujeres: Amelia que está en Administración y una fotógrafa. No puedo aguantar más y me voy a hablar con Jorge, que no puede detenerme en mi camino hacia el despacho del director, y decido montarle el pollo al director, yo sola, porque Fátima me abandona justo en la puerta. Me da igual. Abro la puerta con decisión y le pregunto a mi director por qué gano menos que mis compañeros varones.

- ¿Ahí qué pone, Lucía?
- ¿Qué pone?
- Redactora de base. Contrato de seis horas.
- Cómo que seis, pringo doce horas muchas veces.
- Ya, bueno, como todos.
- ¿Y por qué mis compañeros tienen un contrato de ocho horas y retribuciones por horas extra?
- Ay, Lucía. Eres muy complicada. Lo complicas todo.

Entiendo. La problemática soy yo. Lo que está bien es el sistema: cómo el empresariado se busca todas las argucias posibles para pagarnos menos. Qué quieren, ¿que me canse y tire la toalla?

Pero de eso nada. Estoy perdiendo una batalla pero no la guerra. Llamo a Loli, se lo cuento todo y ella empieza a poner a parir a su propio director, que también se las trae.

- Loli, me voy a casa. Hoy lo veo todo negro. ¿Tú cobras menos que tus compañeros?
- Pues espero que no, pero te aseguro que me voy a enterar.
- Pues no sé si es bueno saberlo, porque siento como si el mundo se hundiera bajo mis pies.
- Bueno, Lucía, tranquilízate. Mañana hablamos.

A pesar de mi conversación telefónica con Loli, yo no me acabo de relajar del todo y llego a casa triste y cabreada. El director me ha visto tan fuera de mí que ha accedido a mi petición de tomarme, desde mañana, todos los días libres que me deben: seis en total. Necesito reflexionar, pensar qué voy a hacer con mi futuro.

Lucía Scoop

(Continuará)

La casa de Marga

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