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Sueños literarios




Hay una novela que me muerde. Me lleva mordiendo muchos años, y la vida nos pone dificultades pero de nada sirve justificar las limitaciones, ni aceptarlas, ni abandonar.

Esta novela que estoy escribiendo hace que me sienta cabeceando contra un muro, un muro lleno de pequeñas rendijas, como si yo fuera una corriente de agua que se infiltrara en esas rendijas para erosionar el muro y tumbarlo, y entrar por fin en el reino de los dioses, donde todo fluye, donde un mal día las musas se apiadan de ti y te traen la idea magnífica, quizás el conflicto, el punto clave de la trama que pone a los personajes al borde del abismo, teniendo que realizar una elección vital.

Sin embargo, y aunque me escaqueo, y me doblo como los juncos, todo me lleva a mi novela. No paro de documentarme y en realidad estoy dando vueltas como los buitres para saber adónde quiero llegar. Quiero volver a sentir el placer de “morir” como dice Vila-Matas, cuando ya la novela está terminando, esa frontera en la que de repente la novela vuela, se hace autónoma y se acaba sola. Llega un momento en el que los personajes te ignoran, tú quieres llevarlos por un lado y ellos se van por otro.

No siento terror ante la página en blanco, - ya hay muchas páginas escritas - , pero sí siento terror ante el caos, una relación amor-odio en verdad, porque del caos salen cosas magníficas pero luego llega el pedregoso camino de organizarlo todo. El pedregoso momento de saber que el día que acabas de documentarte no es porque hayas llegado a ninguna parte, sino porque has acumulado carpetas de documentación y decides que es el momento de parar. Cuando descubrí que Italo Calvino hacía lo mismo, que llenaba carpetas y decidía que de la más gorda salía una novela, sentí un mutuo reconocimiento de placer.

Nunca hay plan más redondo como cuando no sabemos adonde vamos. No queda más remedio que ser valiente, romper uno a uno los prejuicios con la precisión de un escultor que usara su cincel.

Hay una certeza que es el Norte de todo esto, al sitio donde voy es el sitio donde quiero estar. Alimento mis lecturas, y la idea perfecta puede estar en un sesudo artículo de economía o en el texto más superficial de una revista de moda. Hace tiempo que descubrí que la idea brillante puede aparecer en cualquier lado. Hace poco tiempo descubrí que tengo musas y musos. Amigos especiales que parece que insuflan tu pluma.

Comenzar a escribir una novela es como entrar en capilla, prepararse para ser sacerdotisa y experimentar el placer de retirarse del mundo, y encontrar tu santuario, en mi caso alimentado por música, silencios, celebración que incluye baile y música cuando las musas deciden dejar de ser esquivas e iluminarte.

Gracias a todos mis lectores por compartir estas cosas conmigo. Qué sería de un blogger o un escritor sin sus lectores. Hasta siempre.

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