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Lucía intenta aprender a esquiar (La casa de Marga)



Aquí estoy, con los esquíes puestos, sin atreverme a moverme un centímetro, empezando mi clase de esquí. Mis compañeros de clase son varios niños que ya están haciendo pequeños deslizamientos. Marga está esquiando en la pista principal. La veo pasar de vez en cuando, allá va, tan divina: la reina de la pista.

Desde el principio, veo claramente que no voy a aprender a esquiar en esta ocasión, porque no entiendo ni media lo que dice la instructora, que habla en alemán, y me mira como si yo fuera idiota por no hablar alemán. Cuando le digo en inglés que el idioma teutónico no ha estado incluido en ninguno de mis planes de estudio, y que por favor me hable en inglés, se me queda mirando como pensando: pobrecita. Le falta decir “no le queda otro remedio que hablar ese idioma“. A la media hora no puedo más con esta tía tan intransigente y estoy más que desanimada viendo como los niños, que hablan alemán muy bien porque nacieron con el idioma puesto de nacimiento, ya esquían que es un primor. Decido pasar de todo y refugiarme en el spa. La tía no hace más que farfullar cosas mientras me arranco los esquíes y las botas con violencia, y me despido con la mano, diciéndole: "It's over". Cuando me voy yendo hacia el spa, todavía la oigo hablar a lo lejos en esa lengua incomprensible. Fijo que está diciendo que soy una floja. Que le den.

Ah, qué bien se está aquí, metidita en el jacuzzi. Cuando le he dicho a Marga en las pistas que tiraba la toalla con esto del esquí, mi amiga, cómo no, me ha dicho que ya ha hecho un montón de amigos y me los ha presentado a todos. Le agradezco enormemente que sea tan sociable, porque esta noche para la cena ya tenemos plan y tengo ganas de lucir el efecto del sol y las burbujitas en mi piel. Después, paso un día delicioso paseando por las inmediaciones del complejo hotelero, me cambio de ropa en la habitación y me dirijo hacia el salón donde se celebra la cena. El salón es cálido y acogedor. Marga está como pez en el agua con sus nuevos amigos y veo que soy muy bien recibida.

Sorpresa de sorpresas, suena mi móvil y veo que es Jorge, que me llama desde España. Me hace una ilusión enorme oír su voz.

- Pero, Lucía, ¿y por qué no vas a ser tú una de las mujeres que triunfe en el periodismo? Ya sabes que tienes que ser excepcional, pero tú lo eres.
 - Ya, Jorge, tienes razón, pero no lo acabo de ver claro.
- Disfruta de esas vacaciones. Ah, guardo la cinta a buen recaudo, el juez todavía no se ha pronunciado. Necesitamos más información, Lucía. Más pruebas. No podemos tirar de la manta sin pruebas, en la cinta no queda claro de qué cantidad estamos hablando, aunque sí que se ve cómo los muy cabrones se prometen un adelanto. Así que carga las pilas y vente para acá. Éste puede ser la noticia de tu vida, Lucía.
- ¿La mía? Sé sincero, Jorge. ¿Quién se va a llevar los honores si todo sale bien? ¿El periódico o yo?
 - Los dos. Quiero que se reconozca tu nombre. Así que no me defraudes, Lucía.

Me pongo seria.

 - No lo haré.

De repente, la llamada de Jorge ha añadido un toque especial y mágico a todo esto, que Marga enseguida señala, porque me lo ha notado.

- ¿Quién te ha llamado?
- Jorge.
- Jorgeeeeeeeeee, desde Españaaaaaaaa. Lucía, ése quiere algo. Te llama mucho. Le gustas.
- Qué va.

Y se revuelca contra el respaldo de su silla tirolesa.

 - Y a ti tambieeeeeeeeéen, ja, ja, ja- y mirándome fijamente a los ojos, me dice- Lo acabo de descubrir.
 - ¿Tú crees?

Abro los ojos de mi corazón y me doy cuenta que sí. Que Jorge me gusta. Algo. Y que es un mal momento para enamorarme de un compañero de trabajo, justo cuando estoy pensando en abandonar el curro: mi redactor-jefe me ha hablado de honores, pero nada sobre una subida de sueldo. Ese tema no lo tocan, y me desanimo otra vez.

- Y qué más da si me gusta. Qué soluciono con eso.
- ¿Qué solucionas? La vida, hija, la vida.
- Vamos a pasar de este tema.
- De acuerdo.

Y las dos nos concentramos en charlar con nuestros agradables compañeros de mesa. Al finalizar la cena, nos despedimos de ellos y nos vamos a dormir. Mañana nos espera un día muy pesado, y no queremos excedernos con las copas.

(Continuará)


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