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Trapisondas de dos amigas (La casa de Marga)




De vuelta a Zúrich tras intentar esquiar en el resort, cogemos el avión para Lausana. Esta vez el viaje transcurre con toda normalidad, aunque Marga no para de atar cabos, y darse cuenta que su arquitecto es un completo imbécil. 

 - En Lausana está la villa de la condesa Von Fru, la viuda del más importante fabricante de quesos de toda Suiza. ¡No te puedes ni imaginar cómo estaba Mario de ofendido porque la viuda, con el cuerpo de su marido aún caliente, se había liado con su profesor de kárate! Ya ves tú, él, dando lecciones de moral. 
- Sí, la forma en la que te ha tratado durante estos cinco años ha sido muy moral. 
- Bueno, veremos en qué queda todo esto. ¿Qué hacemos aquí, Lucía? ¿Qué sentido tiene todo esto?
 - Ninguno. Pero estamos disfrutando, las dos nos merecemos este viaje. Yo estoy encontrando algunas respuestas a mis grandes preguntas, y tú también. Y sin haberle visto todavía la cara al tío ése. 

Aterrizamos en Lausana, sede del Comité Olímpico Internacional, y Marga no tiene ningunas ganas de hacer turismo, a pesar de que la ciudad es impresionante, medieval, situada a orillas del gran lago Ginebra y rodeada de viñedos. 

Vamos al hotel y decidimos buscar en las páginas amarillas el estudio de arquitectura donde trabaja Mario. Comprobamos que no existe. Nos bajamos raudas y veloces a Recepción, donde están los ordenadores con Internet, y hacemos un barrido por las páginas web más importantes de Lausana. Nada. Decidimos buscarle con nombre y apellidos. Las dos nos quedamos pasmadas. 

 - ¡Es administrativo en el departamento de Arquitectura del Ayuntamiento! ¡Ni siquiera es arquitecto! 
- La verdad es que te la ha pegado bien.El tío oía campanas y te las soltaba a ti. Una detrás de otra. Y te digo yo que éste no está en Japón. Me parece que este tío no ha ido a Japón en su vida. 
- Yo le parto la cara. 
- Ja, ja, tranquila, Marga. ¿Qué hacemos ahora? Ya puedes imaginar que si te ha mentido en eso, te ha mentido en muchas cosas más. ¿Qué quieres averiguar más? ¿Damos por finalizado el viaje? 
- De eso nada. Por lo menos, quiero hablar con él. No he llegado hasta aquí para quedarme en este punto. Quiero saber cuantas mujeres hay más. 
- Buf, Marga, ¿de verdad necesitas saber eso? Masoquista y cabezota, eso es lo que eres. De acuerdo, ¿qué hacemos? ¿nos vamos mañana de turismo o qué? 
- Mira el horario del Ayuntamiento. Podemos esperarle a la salida. 
- Vale. Sale a las cinco. Allí estaremos. A cambio, espero que mañana por la mañana nos pateemos Lausana de arriba a abajo. 
- De acuerdo, Lucía. 

Al día siguiente Lausana nos parece impresionante, y nos recorremos todo el centro de la ciudad a pie. La ciudad tiene cuatro ríos, muchos museos importantes y un montón de puentes que comunican unos barrios con otros. Después de comer, decidimos alquilar un coche, desenmascarar al "arquitecto" e irnos a dar una vuelta por los alrededores. 

Localizamos las dependencias del departamento de Arquitectura del ayuntamiento de la ciudad y esperamos a Mario en la puerta. Marga lo ve salir enseguida entre todos los funcionarios que abandonan su trabajo hasta el día siguiente. 

- Ahí está. ¿Pero qué demonios...? 

De repente, vemos que se dirige hacia un coche que también lo está esperando y que del coche sale una nena estupendísima, que parece un calco de Claudia Schiffer, pero veinte años más joven, y se dan un sonoro beso en los labios. Parecen de anuncio. Parecen realidad virtual. Creo que Marga está a punto de desfallecer. Los dos se meten dentro del coche. 

- Vamos a seguirles. 
- De acuerdo, Marga. 


(Continuará) 

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