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En el autobús suizo (La Casa de Marga)






El último día en Lausana, Marga y yo dejamos el coche de alquiler y cogemos el autobús. Estamos apalizadas por el intenso día de ayer y preferimos ver la ciudad cómodamente sentadas. Llega el revisor y de súbito asistimos a una escena alucinante. Un viajero denuncia a otro porque éste no ha comprado el billete y no veas la bronca que le mete el revisor al tío: Firme, impasible, frío, muy suizo. Todos los viajeros del autobús están mirando con arrobo la escena ejemplar, asintiendo con la cabeza, con un gesto como de así es como deben ser las cosas.

Marga me mira fijamente y me dice:

- Tú no muevas ni un músculo de la cara.

Porque yo tampoco he comprado el billete de autobús.

Pero no lo puedo evitar y mis músculos faciales entran en tensión porque temo ser reprendida por el revisor y ser receptora también de sus particulares lecciones de ciudadanía. Al final tengo suerte porque el señor no pide los billetes a todo el mundo y veo que me salta. La sangre me vuelve al cuerpo en cuanto el hombre desciende en una de las paradas. Marga y yo decidimos bajarnos del autobús en la próxima parada, y cogemos un taxi para volver al hotel.

Mi amiga no tiene ganas de hablar, y tras una ligera cena, nos vamos las dos a la cama a descansar. Estamos agotadas. No hay nada que canse más al cuerpo que una tunda de emociones.

En el vuelo de vuelta a España, Marga está taciturna y tampoco habla mucho durante el viaje. Cuando llegamos a casa, mi compañera se va al ordenador y se encierra durante horas en el despacho. Deshago la maleta mientras pienso que mañana vuelvo al trabajo. Y tengo ganas de volver, a pesar de todo. Mis amigas y mi trabajo son lo único que tengo. Sobre todo, tengo muchas ganas de ver a Jorge, mi redactor-jefe. Nunca me he preguntado si tiene novia o no. Nunca me ha interesado indagar en su vida privada. De pronto, siento que empiezo a tener curiosidad.

Oigo una música preciosa y me dirijo hacia el despacho de Marga. Reconozco la canción: es la banda sonora de Thelma y Louise. Mi amiga se pone Thunderbird, de Hans Zimmer, la canción de los que van a morir. Me cuenta que va a vaciar los armarios y encender velas. Que no me preocupe, que esto pasará. Yo decido irme a dar una vuelta por el barrio para dejarla sola. Cuando vuelvo a casa ella está mejor, escuchando a Marianne Faithful y hablamos sobre la tristeza, sobre la oportunidad de cada crisis, de la petite morte, del cambio, del eterno retorno. Me doy cuenta que Marga necesita unos días para facturar esa tristeza que siente ahora. Estoy segura que pronto se sentirá mucho mejor.

Lucía Scoop

(Continuará)

La Casa de Marga

Foto: © UnitedIllustrators - Fotolia.com







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