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Buen viaje, papá



Ahora que te has ido, vienen los recuerdos, muchas cosas bellas y divertidas. Recuerdo cuando hacías la paella; nunca he probado una mejor. Y nos tenías a todas las mujeres de la casa pendientes. Tú delante de la barbacoa, diciendo “que me falta el tomate”, o “traed el caldo”, “oye, ¿y no me podéis traer nada de beber? ¡Me tenéis seco!”. Me acuerdo de las cosas que escribías…. “Bienaventurados los que vienen en son de paz, que no suelen ser los mismos que vienen en nombre de Dios.” 

Recuerdo aquel eclipse de sol que te tenía emocionado; tu empeño en plasmar cada segundo del espectáculo cósmico en una secuencia fotográfica que siempre perdurará en mi memoria. Recuerdo esos cuadros eróticos que yo iba escondiendo por la casa de campo cuando venían niños. Y ahora, es como si “sintiera” tu estudio, el altar del arte, el olor y tus manos manchadas de pintura, cosas que desaparecen ante mis ojos y no lo puedo creer. Como no puedo creer que desaparezcan todas nuestras conversaciones sobre política, cuando compartías conmigo tu entusiasmo por todo. Me llenaba de ternura cuando me decías “Internet es el mejor invento del mundo. Hoy he estado en Japón…..”

También en mi memoria, para siempre, tu cuadro de la lluvia de mujeres desnudas….. Las imagino como gotas de agua que caen dulcemente, que se posan en la tierra y la fecundan, para ser a su vez fecundadas por los hombres de la tierra y volver al cielo preñadas de ángeles que esparzan la paz por el mundo. Y tengo el cuadro que siempre quise tener, porque es como tenerte a ti un poquito, ése que estás tú mirando a un mar embravecido. Sí, sí, recuérdalo, ése que la arena es un relieve, un cuadro que pueden tocar los ciegos y los niños. 

Gracias por tu amor por la música, papá, ésa que te conectaba mejor con el inconsciente colectivo cuando pintabas. Creo que ése es el mayor regalo que me has hecho jamás. Y no ha sido el único. 

Mamá se fue hace un año y medio. Qué empeño has tenido en seguirla inmediatamente después. Me pasa que veo abuelos con sus nietos en el parque y siento algo de envidia, incluso me produce estupor que la gente esté viva y puedan establecer ese tipo de relación humana. Me pasa que me encuentro personas mayores por la calle que conozco, a los que aprecio, y tengo miedo de no volverlos a ver. 

Suenan las campanas de una iglesia lejana. 

Me gustaría tener tus manos entre las mías. 

No sientas mi dolor. Llévate sólo mi amor. Buen viaje, papá. 


2 comentarios:

mera

Muy bonito, Carmen. Un abrazo.

Carmen

Gracias. Un abrazo muy fuerte para ti también.

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