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Mafalda de nuestros días




Había una nube negra sobre el colegio en la montaña que parecía que se lo iba a comer a bocados: Ñam. Y así mi hija cumpliría el máximo sueño de Felipe: no ir al colegio porque una catástrofe natural ha hundido la escuela en una sima de la que jamás podrá volver a salir o que unos avezados terroristas chiíes pongan una megabomba especial que destruya el edificio, pero no a las personas.  

Malos tiempos para Mafalda si a día de hoy fuera a una escuela española. La imagino increpando a su maestra: “De acuerdo, ya sabemos que usted ama a su mamá y que su mamá la ama a usted, ya que lo hemos repetido unas mil veces. Ahora, ¿podemos pasar a cosas más interesantes?”. 

Y Mafalda entendería qué es lo que está de moda en España en el siglo XXI: Repetir y repetir, que la letra sea bonita, una pasión por la lecto-escritura tan extremada que llega a aniquilar los impulsos creativos de los niños. Pero eso es lo que se quiere, ¿no? Anular esos impulsos, que para eso manda el PP. Me viene a la mente la imagen de una maestra corta-cerebros, que intenta crear mentes llenas de infinitos cuadraditos donde jamás pueda caber un círculo. 

Pero dentro de un sistema educativo cerrado y cada vez más conservador, en la que los maestros parecen mercenarios en vez de profesores, hay profesionales de la educación que pueden y deben escapar a la norma, acogerse a su libertad de cátedra e intentar fomentar la imaginación de los niños. Al fin y al cabo los sueños más grandes son los que han conseguido los grandes avances científicos o las mejores obras literarias. Seguir a la masa nunca ha dado grandes creadores ni nada de nada. Los mejores escritores no encajan en ningún sitio, y precisamente porque no encajan, son capaces de crear un mundo alternativo en sus libros. 

Para contrarrestar esta atmósfera conservadora, mi niña viene del colegio y entra a casa, y dice muy a menudo: “Se acabó el infierno y empieza la libertad“. Libros, televisión, ordenador, consola, interesantes conversaciones con amigos a través del teléfono,  y clases de tecnología que yo le doy con la mejor de mis intenciones: “Búsqueda avanzada en Google para niños con su correspondiente dosis de inglés, lengua imprescindible para manejarse en el ciberespacio”. Una horita que le das y la niña crece tres palmos. 

Si sólo fuera la reforma educativa, pero es que la educación es la base de todo. 

Con todo el desparpajo, ya lo decía el ministro Wert: “Dar religión en las escuelas es una opción política”. Sí, la opción de los fachas. Porque sólo dan religión católica, qué bien les vendría a muchos leer El viaje de Teo. Como dice una amiga traductora de nacionalidad rusa: “Ustedes el problema que tienen es que aún están en la Guerra Civil”. Pues sí, no se curan las heridas, no se cura el problema.




Mafalda contemporánea: cómo sería la visión de una niña inteligente que hoy en día tendría toda la razón de existir. Me encantan los cuentos y los libros sobre niñas inteligentes, con todo su talento por proyectar y cómo aprendemos las limitaciones que ya desde pequeñas les impone la escuela o la sociedad. Niñas o adolescentes que se rebelan contra el destino natural que les marca su entorno social. Como Pippi Calzaslargas,  como Momo, como Jo, de Mujercitas, como Calpurnia Tate, la protagonista de La evolución de Calpurnia Tate, una niña apasionada por la ciencia que vive a finales del siglo XIX. Tan interesada en Darwin como su madre en “reeducarla” para conseguir una señorita que sepa moverse en los bailes de sociedad y “atrapar” un marido. Pero la madre no llega nunca a lograr su objetivo. Ya en Calpurnia el clic del saber la ha transformado para siempre y será imposible volver atrás.



Ahora mi hija devora el grueso tomo de Todas las tiras de Mafalda y yo siento una gran satisfacción cuando la escucho reír, a veces estallar en carcajadas, y pienso en la maravilla de saber cuantas ideas de altura y cuanto vocabulario está aprendiendo. 

Si la escuela no forma ciudadanos, y ya no hay más una asignatura parecida a “Educación en Ciudadanía”, entonces esa responsabilidad recae sobre nosotros, los padres. Hagamos a nuestros hijos saber que el espíritu crítico es una de las cosas más grandes que pueden aprender en esta vida. Brindo porque Mafalda encuentre por fin la escuela que merece tener.

Gracias, un saludo y hasta pronto. 


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