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Comida de astronauta para escritores




¿Libre como el viento? ¿Mandaste la familia a paseo (o ellos te mandaron a ti) y por fin puedes escribir tu novela? ¿O tienes que hacer como Ray Bradbury y largarte a la biblioteca a escribir porque en casa hay dos niñas que no te dejan tocar tecla? Naturalmente, a Bradbury, mientras mecanografiaba absorto en la biblioteca, la mujer le cuidaba las niñas. Este post está dedicado a escritores que no sean Vargas-Llosa y muchos otros como él que jamás cocinan. Ya lo decía su mujer y nos enteramos en la concesión del Nobel al autor peruano: “Tú lo único que sabes hacer es escribir“. También cabe la posibilidad que seas rico, escribas en hoteles y balnearios, y sepas que el servicio de habitaciones puede ser lo más parecido a la organización del paraíso en la tierra. 

Pero la mayoría de los mortales, y mucho menos las mujeres con sólo un 2% de la riqueza mundial, no somos ricos. Es decir, tú solito te lo guisas y tú solito te lo comes. Así que…. Ánimo. 

No te da tiempo ni tienes ganas de cocinar pero tienes que comer bien. Sólo pensar en los diez minutos ida y los diez minutos vuelta del restaurante más próximo con el menú a 10 euros provoca que te salgan sarpullidos, porque lo que le pase a Belinda, esa cruel traidora de hombres, experta y divertida asalta-camas en busca del éxito laboral universal, es mucho más importante que comerte un filete de poca monta en el restaurante de la esquina. 

Prepárate mientras se va la familia, te quedas de Rodríguez en la ciudad, y empieza a organizarte. No abuses de los platos preparados, mejor una pizza con tomate natural que haces en diez minutos que una precocinada del supermercado. 

Sabido es que si los niños jamás interrumpen cuando cocinas o realizas tareas domésticas, sí lo hacen cuando te ven embebida en el ordenador, así que aprovecha para cocinar y congelar entremedias que haces las maletas. Hazte fan de los tentempiés, mejor cinco comidas diarias que tres. Yogur diario para regular la flora intestinal, batidos de yogur y pepino, gazpachos, tu ración de verduras diaria en un instante. Palitos de zanahoria para picotear. Si prefieres la fruta en la comida, hay otras sugerencias: yo soy fan de la fruta salada, así que puedes preparar una sencilla ensalada de melón y jamón o sandía a la plancha con anchoas y helado de yogur. 

Date una larga caminata. Dice Antonio Muñoz Molina que las mejores ideas vienen en los descansos. A mí me ha pasado. Y es trabajoso. Quizás debo empezar a llevarme el bloc de notas a la cocina, porque la carrera de ideas empieza cuando estás hirviendo los tomates (para quitarles mejor la piel, aunque pierden vitaminas) y te surge la idea y te vas corriendo al ordenador, así, una y mil veces a lo largo de la mañana. 

Hay muchos productos alimenticios típicos de un conductor que debe afrontar un largo viaje que sirven también a un escritor inspirado: Chocolate, coca cola, almendras, plátanos, bocados rápidos que proveen de energía instantánea. Permitido tomarte una cafetera de café pequeña, (sin llenar a tope el cargador) pero luego tienes que tomar descafeinado. No hagas como Stieg Larsson escribiendo Los hombres que no amaban a las mujeres, que también podría llamarse Sólo como sándwiches (toda la trilogía podría denominarse así), porque es lo único que ingieren los protagonistas, inmersos en la obsesión de la investigación que llevan a cuatro manos. Stieg Larsson se tomaba dos y tres cafeteras diarias de café cargado, se mal alimentaba, absorbido por la pasión de dar vida a la fascinante Lisbeth Salander, y murió de un paro cardíaco subiendo escaleras hasta un octavo piso donde estaba su oficina, porque no funcionaba el ascensor, a los 50 años. 

Moraleja: no subas ocho pisos de escaleras si tu alimentación consiste básicamente y desde hace años en sándwiches y café y te fumas dos paquetes de tabaco diarios. Está claro que la inspiración puede quitar las ganas de comer, pero hay que hacerlo. Hazte fan de los bocadillos rápidos de atún o sardinas con tomate, que cargan las pilas de inmediato y recuerda que cada descanso trabajando con las manos es sagrado, ya que sirve para meditar. Practica el poder de la intención y piensa que la comida te va a salir maravillosa, eso guiará tus manos y tus sentidos, y te encontrarás fresco y lleno de energía para concentrarte de nuevo en el trabajo. Lo mismo con las ensaladas, en tu rato de ocio, prepara tuppers de verde sin aliñar y a la nevera. Un día a la semana de mi encierro creativo, suelo preparar sushi y sopa de miso. A las 10, al tajo. Qué gusto trabajar sabiendo que te espera una buena comida. 

Y, sobre todo, ser agradecido es de buen nacido, así que dedica tus libros a tu familia, como Ingrid Betancourt, Ángela Vallvey u otras muchas escritoras con responsabilidades familiares: “Gracias por largaros una temporada o dejarme largarme a mí para poder terminar mi libro“. Si todo va bien, y las musas ven que eres serio y trabajador, y por ello deciden visitarte a menudo, también encontrarás una inusitada alegría en todas las tareas que realices. Prometido. :) 

 Hasta pronto.

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