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Un atípico verano



Pasando este verano extraño, donde el oeste de la península se está asando de calor, y aquí, en el sudeste, a veces voy cerrando ventanas que entra la brisa del mar y ésta anda fresca, me he dedicado a ver la televisión. Esto tiene su miga porque hace años que no la veo. Hago zapping concluyendo que este aparato no hay que verlo muy a menudo, y me encuentro con la imagen de la fiscal del juicio de Luis Bretón, dale que te dale al abanico, (Córdoba no perdona ni siquiera en este anormal verano en el que casi no enciendo el ventilador) con una actitud que me parece la de “me contengo para no echar la pota aquí mismo“. Yo también me contengo las tripas, y cambio el canal. 

Me entero por el periódico que a la antropóloga Mercedes Fernández-Martorell la censuran en varios medios de comunicación porque ha escrito un libro que se llama Ideas que matan y en este libro busca las razones de que existan maltratadores, y qué factores son los que le empujan al maltrato. Es decir, cambia completamente la óptica y se centra en los maltratadores y no en las víctimas. 

Casi en el mismo día, veo a Ruby en televisión animando a las mujeres maltratadas a denunciar. ¿Por qué no le habla directamente a los maltratadores, que son dos millones de varones en España? ¿Por qué no les habla con la misma dureza que hablaba a los terroristas cuando era Ministro de Interior?

La violencia de género ha provocado muchas más víctimas que el terrorismo, pero el problema, señores, es que todos ustedes tienen amigos maltratadores, y poderosos, así que no van a poner el foco en ellos. Y me doy cuenta que hay que cambiar el lenguaje, el problema lo tienen ellos, no ellas. 

Y no me sorprendo con la hipocresía de Facebook, que ha permitido que los usuarios cuelguen imágenes de violaciones y abusos, y sólo el ciberactivismo y el hecho de que muchas empresas retiraran su publicidad, ha hecho a la red social reaccionar. A la vez, la empresa de Mark Zuckerberg empieza a clausurar las páginas de Femen. Y tengo mis dudas que la solución correcta sea la que ofrecen las activistas, para evitar la censura, borrando sus pezones en las fotos, cuando en esta sociedad estamos hartos de ver pechos al aire en contextos mucho más degradantes para la mujer. 

El sueño de Egipto se desvanece (muchos muertos ya desde el reciente golpe de estado), pero observo que los jóvenes egipcios siguen luchando por su propia dignidad, y crean brigadas que protegen a las mujeres frente a los abusos sexuales en las diferentes manifestaciones y protestas. Veo en las fiestas de San Fermín los abusos a las mujeres, y oigo hablar a las que no se desnudan ante las cámaras, y resulta que los tocamientos en medio del mogollón son norma común. Algunas mujeres se quitaron la camiseta voluntariamente, otras, no. Y pienso que cómo te escapas de los toqueteos en medio de la multitud una vez desnuda, por tu deseo o no. Como decía un periodista : “El hecho de enseñar las tetas no da barra libre a los tocamientos”. 

Sueño mucho este verano, y tengo hasta sueños tecnológicos. Sueño que estoy en un instituto dedicado a la enseñanza de cine, y tenemos los medios más avanzados, incluso nuestra propia sala de cine. Se supone que doy clases allí o trabajo allí. Yo le voy enseñando todo a una íntima amiga con la mayor naturalidad, y entramos en una sala de montaje y exhibición, y mi amiga alucina y toquetea mucho el exhibidor, que es plateado y modernísimo, con muchas piezas que se pueden sacar y observar. 

Pienso en mi querida amiga, que ahora está de vacaciones, y en el deseo de hablar con ella de lo que a mí me parece el juguete definitivo de estos primeros años del siglo XXI: la impresora 3D. A partir de unos planos, que tú mismo puedes diseñar, puedes crear infinidad de objetos. No sólo pistolas, también prótesis para operaciones, juguetes….. Más aún: la NASA investiga ahora en una impresora 3D que imprime alimentos, en un principio sólo para astronautas, y lo veo mucho mejor que las últimas recomendaciones de la ONU sobre que hay que comer insectos, por muchas proteínas que tengan y lo barato que sean de producir. 

Me pongo a soñar y a imaginar que podría hacer yo con el fascinante aparato: vestidos para muñecas o directamente vestidos para mí misma. Ríase usted de Second Life y sus construcciones 3D en las sandboxes virtuales. Pienso cuánto le hubiera gustado este invento a mi progenitor, cómo hubiera disfrutado construyendo las maquetas de sus edificios con esta nueva maravilla de la técnica. 

Gracias por estar ahí. Que disfruten del verano. Un abrazo y hasta pronto.

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