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Diario de una madre que no ve la televisión (pero cada vez más)


Televisión de tubo

Cuando llegué a mi nueva casa, hace unos 3 años, decidí contratar Ono en vez de Telefónica, porque te cobran 10 euros más al mes, pero a cambio tienes 20 canales de dibujos animados, algo genial si tienes niños en casa, y además otros 150 canales de variados temas, de los que poquísimos valen la pena, excepto Canal Cocina, canal en el que me refugio muchas veces huyendo de las dolorosas noticias. 

Nunca quise instalar en la habitación de mi hija una televisión, para que no tuviera que vivir recluida allí si quería ver sus series favoritas, me parecía un modo de “aparcarla” no demasiado elegante. Por suerte, por las noches, ya veo El Intermedio con ella y a veces, algunos telediarios. Antes no los veíamos preocupada como estaba yo porque ella viera tanta violencia en la pantalla y el otro día me soltó: “Mamá, ya me estoy acostumbrando”. Como todos. Todos estamos insensibilizados ante la miseria que vemos por televisión, y me parece que lo malo de todo esto es que esa visión nos desensibiliza para la vida también. 

Así que sólo veo televisión online los fines de semana, en mi ordenador, y me regalo a mí misma con el programa de Días de Cine y Página 2, sobre libros, y con Repor 24 horas, donde dicen más verdades sociales que en muchos telediarios de la 1. Que aquí la única que habla claro es María Oña, la corresponsal de TVE en Portugal, sobre las consecuencias de la crisis en el país vecino: más maltrato familiar, una desesperación económica que sólo hace que aumentar la violencia íntima, la peor de todas las violencias posibles: el enemigo en casa. Cosas que también pasan aquí, en este país, pero que no se dicen. Conclusión: si quiere usted saber qué males aquejan a España, escuche a María Oña hablando sobre Portugal y extrapole usted mismo. 

Desde que empezó la crisis, y se puso muy duro esto de “ser feliz a secas”, reconozco que Canal Cocina se ha convertido en una de mis principales evasiones. Cuando la realidad me satura y sobrepasa, a quién no, me refugio en un mundo amable donde sólo hay que tener cierto encanto para mezclar con mucho amor los justos ingredientes. Samantha, por ejemplo, nos hace reír mucho a toda la familia, porque le encanta cantar y canta fatal, pero es una excelente cocinera, que además sabe comunicar, y siempre trabaja con su pelo tirante y recogido. En cambio, cuando veo a Donna Hay cocinar esos platos tan deliciosos pero con esa larga melena bamboleando encima de los platos, siempre pienso que alguno de sus rubios cabellos va a caer a la comida. Observo en Donna que se considera a sí misma fea, es fácil de adivinar, parece que va pidiendo disculpas por existir y por eso no prescinde de su melena y a mí me pone de los nervios. 

A través de este canal, tengo la posibilidad de viajar a otros países, gracias a la comida, y sin moverme del sofá. Descubro mercados ambulantes en mercados que están en barcazas en Tailandia, me apasiono yo sola, y viajo por todo el mundo gracias al amor por la aventura de muchos cocineros y grandes viajeros. 

Me encanta La Diosa de las Especias pero hay presentadores que no soporto, como Julius, que aparte de ir de gracioso, cocina en una cocina oscura como el infierno que no hace más que apagarle la poca gracia que tiene. Sergio Fernández, de “Cocinamos contigo” me cae en cambio cada vez mejor, porque veo que va corrigiendo su tendencia a hablar requetemadamente mal y su abuso de frases como “esto está que te inclinas” o “esto lo preparo en cero coma”. Una pena su mal uso del lenguaje, porque al igual que Samantha, es un gran cocinero. 

Os dejo con la música que últimamente me ilumina. Últimamente también mi vida ha tenido muchos cambios radicales y he dedicado poco tiempo al blog, pero prometo que eso va a cambiar y que pronto habrá sorpresas :) Hasta pronto!!


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