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Robin Wright y la carrera profesional de las mujeres




Quiero ver la película Violette, de Martin Provost. Narra la historia de la escritora Violette Leduc, atormentada por su propia fealdad, y su amistad con Simone de Beauvoir, que siempre la admiró y la apoyó por su gran talento. Ya se me presenta la disyuntiva de llevar a mi hija a ver algunas películas “de mayores”.  A ver si cuelo a la niña, que ya tiene 11 años, y si me ponen algún problema, le puedo decir al taquillero: “Oiga, mi padre me llevó a ver 2001, Odisea del espacio, a los 9 años, ¿Cree usted que entendí algo? Pues no. ¿Y? No entender algo no es óbice para poder disfrutar de una obra de arte”.

Me quedo fascinada también con la película El Congreso, de Ari Folman, que me parece todo un experimento, donde Robin Wright, absoluta protagonista del filme, es aparrafada por Harvey Keitel : “Lo tuviste todo, Robin. Eras una reina del cine a los 24 años. Los grandes estudios se arrastraban. Cerraste todas las puertas abiertas, pisoteaste todos los sueños”. “¿Puedo volver al lugar en el que estaba antes?”. “No existe el lugar donde estabas antes.”

Porque Robin abandonó la industria del cine para criar a sus hijos. ¿Resultado? Es inevitable que haya una parte de arrepentimiento. La considero una magnífica actriz, y espero que llegue a tiempo de recuperar lo perdido y hacer grandes papeles en el cine. Robin me recuerda al caso de Melanie Griffith, me hace reflexionar sobre lo que significa envejecer para una mujer, y no sólo en el cine. Después de haber protagonizado varios de los planos más fascinantes del cine, la actriz estadounidense lo abandona todo porque no quiere rebajar su caché. 

Pero yo pienso: “Dejarlo todo por un hombre. Habrase visto“. Ni que estuviéramos en el siglo XIX y fuéramos Charlotte Brontë dejando de escribir porque su marido así se lo exigía. La escritora británica, la autora de Jane Eyre, murió de pena, dos años después de su boda, así que, aprendamos la lección. 

En la película El Congreso, el personaje de Harvey Keitel le dice a Robin: Tu hijo Aaron es tu excusa para no trabajar. Y extraigo de esto que como madre siempre tienes que lidiar con un sentimiento doloroso de dualidad, de contradicción. Como decía una actriz en Buscando a Debra Winger, un fabuloso documental de Rossanna Arquette, de 2002, que desgraciadamente no ha perdido su vigencia. Esta actriz decía: “Te sientes culpable cuando estás trabajando porque no estás con tus hijos, y te sientes culpable cuando estás con ellos porque no estás trabajando y cuidando de ti misma”. 

Y constatando la poca presencia de las mujeres en las áreas de poder de los diversos sectores de la sociedad, no sólo en los sectores artísticos, leo el artículo La desigualdad pone en peligro el sueño americano, y entiendo muchas cosas. 

Thomas Piketty ha triunfado en los Usa con su libro “Capital en el siglo XXI”, donde el autor asegura que volvemos a las desigualdades del siglo XIX, y esto afecta especialmente a las mujeres, tradicionalmente uno de los sectores más débiles del mundo actual. Dicen de este autor que con su libro ha captado el Zeitgeist, el espíritu de la época. Según Piketty, son los herederos de las grandes fortunas los que actualmente manejan los hilos del mundo actual, o sea, el dinero es el que manda. Pues algo parecido pasa en España: los hombres transfieren su fortuna a sus herederos varones desde tiempos inmemoriables y nos dejan a las mujeres al margen del mundo financiero y el de los negocios. A no ser que seas hija de alguien. Así que va a tener razón Pablo Iglesias diciendo que aquí quien manda es el Partido de Wall Street. Y en España es una obviedad que mandan los ricos de toda la vida, los que sus abuelos ya eran ricos. Son los actuales caciques de partidos, medios de comunicación, Gobierno y Monarquía, instituciones convertidas en rehenes de los bancos. Y muchos de estos caciques tienen poco mérito personal, pero son los que manejan el cotarro (por ahora). 

Thelma y Louise, película de culto que indagó magníficamente sobre lo que significa ser mujer en esta época, se estrenó en 1992. Yo la vi de estreno en España y más tarde, en 1994, en Boston, en un albergue juvenil. En Boston sólo vi una escenas, porque mis amigas y yo salíamos dispuestas a conocer la ciudad, pero la imagen fue embriagante: un grupo joven de mujeres y hombres deleitándose con el mensaje que quería transmitir Ridley Scott, lo difícil que le suele resultar a las mujeres ser realmente libres, una necesidad mucho más acuciante que ser las más guapas del photocall. 

Callie Khouri, la guionista, dijo que escribió el guión de Thelma y Louise porque sentía que como mujer, no tenía un lugar propio en el mundo. Y que si no puedes responder a una agresión física, pues entonces este lugar es aún más difícil de encontrar. Pero yo a veces pienso que simplemente las mujeres nos sentimos agredidas porque nos quitan el pan de la boca. Basta con conocer el dato de que el 98% de la riqueza mundial pertenece a los varones, realidad que fuerza a las mujeres a casarse, a abandonar toda esperanza de progresar y estudiar, y esto pasa en todas las civilizaciones, porque hay que sobrevivir.  

Le deseo a Robin Wright y a Melanie Griffith una madurez espléndida y que realicen los sueños que abandonaron durante tanto tiempo. Y que aprendamos todas de ellas: nunca lo dejes todo por un hombre. Se aburren y se van. Aunque peor son los que se aburren y se quedan ;)

Gracias, un saludo a todos!!!

Enlaces a vídeos:

Violette, de Martin Provost

El Congreso, de Ari Folman

Buscando a Debra Winger





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