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Adiós, burka, adiós




Gill Hornby, la autora del libro “Las abejas reina” (Sólo hay sitio para una), esperó más de 20 años para poder escribir esta obra, después de que sus tres hijos hubieran acabado su etapa escolar en diversos colegios británicos. Sólo pudo terminarlo cuando dejaron de dolerle todas las pésimas experiencias que había vivido en los colegios de sus hijos. 

La escritora inglesa Gill Hornby narra lo cruel que puede ser el microcosmos de un colegio. Dicen que esta autora ha iniciado incluso un nuevo género literario, y espero que muchas otras escritoras en el mundo se animen a contar cómo las abejas reina del mundo privado atacan a las mujeres que intentan ser libres. Las abejas reina son mujeres heterosexuales, casadas, blancas, con hijos, y por supuesto, no trabajan, (una buena madre no trabaja fuera del hogar). Cuentan con un séquito de esbirras colaboradoras en expandir su régimen del terror, y se dedican a despellejar a todas las que no cosen lazos para el decorado del festival de fin de curso o no colaboran con el regalo preceptivo a la maestra o directamente, no educan a sus hijos como es debido. El libro de la británica describe algo que me parece es universal.


Y extrapolando, y avisando, que el que avisa, no es traidor, os lo digo claramente: Es un error de bulto ser guapa, o simplemente mona, en los colegios españoles. Te vas a jartar de conocer marujas envidiosas y maridos acosadores. No sé si estás dispuesta a pasar por la pesadilla, y si tienes dos hijos o más, entonces se repite el bucle hasta el infinito: cumpleaños interminables donde las madres compiten por ver quién regala el regalo más caro, donde se producen profundísimas conversaciones sobre la calidad o la ausencia total de ella en los zapatitos de niño, tan delicados...., (y las consecuentes críticas que recibes si no se te ve muy versada sobre el tema),  y un largo etcétera de parlamentos sobre temas banales que desesperan. Si tienes hijos, aprende que tu uniforme a partir de ahora, tu burka particular, serán la camiseta y los vaqueros, y si aún así no puedes disimular lo buena que estás, ten por seguro que las abejas reina van a ir a por ti, porque no soportan otra forma de liderazgo que no sea la suya. 

Las abejas reina tienen, por definición, una especial aversión a las madres solteras y a las mujeres separadas. Critican que en tu familia no exista la figura del padre, y lanzan bulos sobre que los hijos de las madres trabajadoras son los delincuentes del mañana, por falta de atención en casa. Qué gran ayuda tiene el sistema patriarcal en los colegios. Si te hunden, ¿qué lucha puedes llevar para avanzar en tu carrera profesional o mantener por ejemplo la armonía familiar? 

Los ataques de unas mujeres a otras son la guerra del pobre. Las mujeres perciben desde niñas que lo tienen mucho más difícil que los hombres para sobrevivir en sociedad, no pueden competir con ellos, así que algunas se dedican a hundir a las de su sexo en una lucha cruel por la supervivencia económica. Se piensa, muy equivocadamente, que si eres guapa e inteligente, tienes más posibilidades de sobrevivir que las demás, que antes encontrarás un marido que te proteja, por lo tanto, eres una competidora a batir.  

Cuando el colegio de tus hijos termine definitivamente, pensarás con emoción: Adiós, maridos salidos. Adiós, marujas envidiosas. Adiós al burka obligado durante años y años: el uniforme de vaqueros y camiseta. Bienvenidos los tacones, los vestidos de flores, vestirte cañón para triunfar, porque sí, ¡porque te apetece! Me entero además por otras madres que en algunos colegios privados la cosa está mucho peor: madres que tienen que tomar calmantes para ir a recoger a sus hijos y poder resistir el ataque implacable de las abejas reina. 

Agradece profundamente a los legisladores que los niños vayan ahora con 12 años al instituto y no con 14, porque entonces el suplicio dura dos años más. Ya en el instituto los niños hacen grupo a las pocas semanas o meses, y ya no tienes que acompañarle. 

Debo decir, finalmente, que hay mujeres maravillosas en este mundo, y tengo la fortuna de que algunas de ellas sean mis amigas. Mi alegato no es contra las mujeres en general, ni mucho menos, sino contra las colaboradoras acérrimas del sistema patriarcal en el mundo privado. La envidia puede ser un sentimiento natural, pero hay que intentar emular, y es algo que recomiendo a todas las mujeres: Si ves una mujer guapa por la calle, o en el trabajo, o en el colegio, pues cópiale el estilismo, quizás cambiar tu peinado, o la ropa, y agradécele interiormente en ese mismo instante el apoyo que te ha dado para mejorar tu propia presencia.  

Gracias por estar ahí, un fuerte abrazo a todos. Hasta pronto.








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