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Te vi corriendo en el Universo






Te vi corriendo en el Universo, en una galaxia determinada, organizando la conversación de 150 personas en Diario Público. Todo por el cambio: hay que explicar, hay que hablar con los demás. Corrí yo también hacia ti, a apoyarte en la jugada; corrí por esa galaxia que era negra como el neopreno, de una negrura plástica, pero llena de estrellas brillantes que deseaban brillar con más luz: la luz de la verdad. Tú seguías corriendo, y yo simplemente corría a tu lado, aligerando el aire que te envolvía para que así fueras más rápido.

En este año convulso, en el que hemos estado de campaña electoral permanente, porque es mucho lo que hay en juego, he ido conociendo grandes mujeres provenientes de todos los campos: la política, las artes plásticas, la literatura.  Todas ellas, trabajando por el cambio. Ha sido un año excelente para confirmar también que las grandes mujeres de mi vida, esas flores bellas que me honran con su presencia día tras día, las que están conmigo desde hace 30 años, siguen ahí.

También, voy conociendo en Facebook extraordinarios hombres que me reconcilian con la raza masculina. No, señores, los hombres no son como salen en las noticias. Si así fuera, ya nos habríamos suicidado todas. En España hay 23 millones de varones y sólo dos millones y medio de ellos son maltratadores. Precisamente por ser estos especímenes sumamente excepcionales, salen en las noticias.
A mí me duele enterarme de estos casos de maltrato, más cerca de nosotros de lo que creemos. Sólo hay que abrir los ojos para ver que más de una mujer las está pasando canutas en tu barrio con el consentimiento de toda la sociedad.

Quiero pensar que soy una detectora de talento en la red. Pero también pienso que soy una detectora de buenos corazones necesarios para el cambio. El amigo que piensa que a lo mejor no se esfuerza políticamente, en realidad, me está ayudando. Una bella canción, una bella imagen. Esos regalos virtuales me insuflan a seguir mi trabajo en este submundo, ya que no disponemos ni de la televisión pública ni de los medios de comunicación mayoritarios y tradicionales. Hemos tenido que aprenderlo todo de nuevo. Reinventarnos de nuevo. La batalla es desigual, pero no por ello dejamos de tener posibilidades de victoria. Esto me recuerda un cuento que escribí a los 18 años. Se llamaba “La Ciudad Subterránea”, un cuento inspirado en Metrópolis, donde un ejército de buenazos liberaba a toda una multitud sometida al imperio y la esclavitud de los hombres grises. Esos hombres grises que nos contaba Michael Ende, que fumaban sus puros con el tiempo que le robaban a los hombres.

Sueño con Momo, le pido que venga a salvarnos con su tortuga del tiempo, sueño con el capitán Trueno, (ven, Capitán Trueno, haz que gane el bueno). Ahora más que nunca, tengo la certeza, vigorosa como el acero, que este 2016, por fin vamos a tener una oportunidad.



Gracias a todos por la belleza, por el humor. Seguimos en la brecha. A golpe de corazón, y por eso, somos imparables.

Os dejo con la canción de Rachel. Un canto a la transición a un nuevo mundo, pero también un canto a la transición a un nuevo mundo interior, personal. Ya no somos los mismos. Y qué gusto.


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